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Cuaderno tunecino. Cartografía de un viaje y un encuentro, por Nery Santos Gómez.

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01 Febrero 2026 Arte y Cultura Correo electrónico Imprimir

33ed1d74 36e2 4436 86e2 da4a7e0439b1En Túnez, y de manera muy significativa en la Universidad de La Manouba, el español no solo se enseña como lengua extranjera, sino como carrera universitaria y programa de doctorado, consolidando un puente académico y cultural entre España y el norte de África. En ese cruce fecundo entre lenguas, culturas y tradiciones literarias se inscribe Cuaderno tunecino. Cartografía de un viaje y un encuentro, del editor, poeta y ensayista Basilio Rodríguez Cañada.

El libro está dedicado a Ridha Mami, profesor de la Universidad de La Manouba y presidente de los hispanistas árabes, figura clave en la difusión del hispanismo en el Magreb y en el fortalecimiento del diálogo cultural entre ambas orillas del Mediterráneo. No se trata de una dedicatoria circunstancial, sino del reconocimiento explícito a un vínculo intelectual, humano y literario.

Rodríguez Cañada no llega a Túnez como un viajero ocasional. En el pórtico del libro, el autor recuerda que este cuaderno nace de más de treinta viajes al país, realizados a lo largo de décadas, motivados por encuentros literarios, congresos académicos, conferencias y también por el placer íntimo de regresar a una tierra que siente cercana. Cuaderno tunecino es, en ese sentido, la decantación literaria de una relación prolongada con el territorio, su gente y su cultura.

El autor recorre Túnez de norte a sur y de sur a norte —la Medina de Túnez, Sidi Bou Said, Cartago, Kairouan, Tozeur, Nefta, Douz, el Sáhara, los oasis de montaña, Sfax, El Jem, Monastir, Sousse, Hammamet, Bizerta o Dougga— y convierte ese itinerario real en una cartografía poética, donde el desplazamiento físico se transforma en experiencia interior. El libro no pretende explicar el país, sino comprenderlo desde la atención y la escucha, como él mismo señala al afirmar que escribir fue una manera de prolongar el viaje.

Uno de los mayores aciertos del libro es su capacidad para transformar la experiencia sensorial en conocimiento íntimo. La luz fragmentada de la Medina, el azul suspendido de Sidi Bou Said, el silencio pleno del desierto o la respiración antigua de Cartago no son descripciones ornamentales, sino modos de pensamiento. Cada imagen propone una forma de leer el mundo, donde historia, geografía y emoción se funden sin jerarquías.

Así, la historia antigua —fenicia, romana, árabe, mediterránea— no aparece como un telón erudito, sino como una presencia viva que dialoga con el presente. En Cartago, por ejemplo, el autor escribe: «Cartago respira bajo Roma, y Roma respira sobre Cartago», sintetizando en pocos versos la superposición de civilizaciones que define al país. En la Medina, la ciudad se vuelve experiencia corporal: «El sol no entra del todo: se fragmenta en mil espejos de latón», y el lector es invitado a caminar, no a observar desde fuera.c6878824 a0c8 4f21 a390 b39b50f285c9

Una imagen de los dos protagonistas en el coliseo romano del Djem.

Pero Cuaderno tunecino no se limita al espacio exterior. El viaje físico avanza en paralelo a otro desplazamiento más sutil: el del encuentro humano. Sin énfasis narrativo ni dramatismo, el libro deja ver cómo el vínculo entre dos personas se construye con la misma cadencia que el recorrido del país. El afecto crece sin imponerse, como crecen los paisajes cuando se les concede tiempo. El amor —como el viaje— aparece aquí como una experiencia que transforma.

Ese encuentro se despliega en ciudades y lugares concretos —Sidi Bou Said, los acantilados sobre el Mediterráneo, las noches del desierto, los silencios compartidos— y se expresa con una contención que refuerza su veracidad. La historia de amor no invade el paisaje: dialoga con él, lo acompaña, se deja moldear por su ritmo.

Hay también en el texto poético y narrativo, una celebración de lo cotidiano: el té de menta compartido —«El té aquí sabe distinto: sabe a horizonte»—, los gatos que habitan los espacios domésticos y urbanos como presencias silenciosas —«Los gatos duermen en los alféizares, guardianes del polvo y del sueño»—, la música que surge de improviso en una calle o en un café, el gesto hospitalario que no necesita traducción. Estos detalles, lejos de ser anecdóticos, sostienen una visión del mundo donde lo pequeño es esencial y donde la belleza se impone sin estridencias.3b8bc066 ff4c 49cf 820f 3565b92da291

Cuaderno tunecino se presenta así como un homenaje a un país, a una tradición cultural compartida y al diálogo constante entre España y el mundo árabe. Un libro que confirma que los verdaderos mapas no siempre se trazan sobre el papel, sino en la memoria, en el cuerpo y en la palabra.

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