Hay voces que interpretan canciones. Y hay voces que abrazan versos.
Si leer un poema puede estremecer el alma, cuando un guitarrista y cantante como José Silvestre Ríos Pedregosa lo interpreta, el corazón se encoge dulcemente y los versos dejan de pertenecer al papel para instalarse, definitivos, en la intimidad de quien escucha. Su guitarra no solo acompaña: da vida a la palabra. Su voz no solo canta: revela.
Español de raíz andaluza, José Silvestre comenzó su historia con la música siendo apenas un niño. A los diez años tuvo su primera guitarra, instrumento que se convertiría en extensión natural de su cuerpo y su sensibilidad. Sus primeros maestros fueron miembros del grupo de cuerda del Trío Albéniz, quienes sembraron en él no solo la técnica, sino el respeto por la armonía y la tradición musical.
A los dieciséis años fundó el grupo Los Peny, dando ya muestras de una vocación temprana por la creación colectiva. Más tarde, durante sus estudios de Magisterio, creó el grupo de música folk Poetas Andaluces, una propuesta que unía identidad, poesía y raíz popular. Medio siglo después, aquel grupo volvió a reunirse, cosechando nuevamente el aplauso y demostrando que la verdadera música no envejece: madura.
Desde los dieciocho años ha ejercido como cantautor, consolidando una trayectoria reconocida en distintos certámenes. Obtuvo un primer premio y dos segundos premios en el Festival de la Canción de Dúrcal, un segundo premio en el Festival de la Canción de Alhama de Granada, y fue finalista en dos ocasiones en el Festival de la Canción de Andalucía. Reconocimientos que confirman no solo talento, sino constancia.
Su versatilidad musical lo llevó también a formar parte durante ocho años de una de las mejores corales clásicas de Andalucía, la Coral “Ciudad de Granada”, con la que participó con éxito en numerosos conciertos en España y Europa. Allí amplió su registro, su disciplina vocal y su experiencia escénica.
Pero sería en el año 2020, en medio del silencio impuesto por la pandemia, cuando su camino daría un giro decisivo. Al preguntarle cómo comenzó a musicalizar poesía, responde con sencillez:
“Cuando empezó la pandemia, un poeta amigo me propuso poner música a sus poemas. Terminé musicando el 90% de su obra.”
Aquel gesto inicial se convirtió en una misión. Desde entonces, más de un centenar de poetas de todo el mundo han confiado en él sus versos. Hasta la fecha, ha grabado más de 9.000 vídeos, un archivo vivo de poesía cantada que circula por redes y plataformas digitales, acercando la lírica a públicos diversos y contemporáneos.
José Silvestre Ríos Pedregosa no se limita a interpretar poemas: los encarna. Se convierte en puente entre la palabra escrita y la emoción compartida. En tiempos donde la prisa devora la profundidad, su trabajo es un acto de resistencia poética. Cada acorde suyo es una invitación a detenerse. Cada interpretación, un recordatorio de que la poesía también se escucha, se canta y se siente en comunidad.
Por eso no es exagerado llamarlo el trovador de los poetas. Porque ha hecho de la guitarra una casa hospitalaria para el verso. Porque ha devuelto la poesía a su origen oral y musical. Y porque, cuando canta un poema, el poema vuelve a nacer.



